Me gusta esta época del año, salir de casa a las seis de la tarde y ver que todo está a oscuras, las farolas que alumbran a trozos la acera, el aliento de la gente que se condensa al respirar mientras ando envuelto en mi bufanda, con las manos en los bolsillos y el cuello bien encogido intentando escapar del frío.
Después, llegar a casa y notar el calor de la calefacción con solo abrir la puerta, descalzarse y pisar el suelo caliente, ver la tele un rato arropado con esa vieja manta de cuadros que vive en exiliada en el armario durante los meses de verano... ¿A quien no le gusta esto?
