Hace nada, a las siete de la tarde, me he acercado hasta la estación para volver a casa. Hacía nada había salido un tren en la dirección que tenía que coger, así que me ha tocado esperar. Al rato, un par de críos de apenas 14 años se sientan en el banco de al lado, encienden un cigarro y empiezan una competición a ver quien dice más gilipoyeces y deja más escupitajos entre sus pies, dos "quinquis" de 14 años... y todo esto lo digo sin ser mucho más mayor que ellos, sólo tengo un 2 en las decenas y recuerdo de sobras que yo de pequeño no hacía eso.
Que triste, empizan demasiado pronto... no sólo por el tabaco, sino por el disfraz de macarra y acompañante/guardaespaldas que lucían tambien. Hablaban sobre quien iban a zurrar soltando el mayor número de tacos por frase que eran capaces de recordar, y eso sin olvidar algo muy importante: escupir a media frase para ganarse el interés de los oyentes con la interrupción. Si a eso además le añades lo gracioso de ver a un chabal cogiendo el cigarro como todo un presidiario, escondiendo la llama hacia la palma de su mano recordando al ya viejo Clint Eastwood... En fin, patético. Uno no sabía si reír o llorar.
El tren no llegaba y me he pasado casi media hora escuchando sus chorradas hasta que por lo han anunciado. Han ido hacia la puerta antes que yo y a sus espaldas han dejado el suelo hecho un asco, y eso sólo en media hora... que suerte tengo de no tener que ver sus casas...