Es sólo por unos días, pero se ha ido, y eso de estar pendiente del teléfono por si suena y ver si es ella me rebienta. Quiero pensar que es culpa del estrés de los exámenes, pero no, es un miedo repentino que me ha venido al echarla tanto en falta.
Si a lo dicho le añado: una pizca de orgullo por querer ver que es ella la que llama antes, y mi genético desprecio a las conversas telefónicas, el resultado es al menos cinco minutos dando vueltas en la cama pensando en ella antes de coger el sueño.
Me voy a dormir, pero antes me repetiré diez veces: No, no la echas de menos, aún que... ¿a quien pretendo engañar? Sé de sobras que me muero por verla...
