Se acabó, adiós a estos días de calma, pero puestos a despedir unas vacaciones... ¿qué mejor forma que hacerlo como hoy?
La fui a buscar a su casa antes de comer, le vendé los ojos y la llevé hasta Barcelona sin que supiera nada. Llegamos, aparqué el coche, y sin siquiera salir de él le di la caja. La abrió a ciegas aún, dentro había otra, y dentro de ésta un sobre en el que ponía Ahora guárdalo y ábrelo sólo cuando yo te diga....
Fuimos a comer por ahí, paseamos por las estrechas calles de la catedral, por Portal de l'Àngel, vacío y sin ninguna tienda abierta, por el Rabal, por la plaza del MACBA... su curiosidad ya no podía aguantar más. Entonces, a las seis, cuando estábamos viendo a un hombre que tocaba la guitarra, le dije que ya podía abrirlo.
No se lo esperaba, se la veía tan feliz... han sido sólo unos segundos y entonces, como que no podía hablar, me ha mirado sonriendo y se me ha abrazado intentando esconder sus lágrimas.
