Hace tiempo pensaba que optimismo e inseguridad eran algo incompatible. Creía que ambas palabras descartaban una a la otra, creía que alguien optimista no podía ser inseguro, y no es así. Los bajones que algún día tuve me hicieron cambiar de opinión, y fue cuando vi esas qualidades en mí que me dí cuenta.
Desde entonces me propuse que no quería para nada esa inseguridad. Hice esfuerzos por deshacerme de ella hasta que lo dí por imposible. Ha llovido mucho desde aquel día, y por suerte, es ahora cuando creo que por fin estoy empezando a despedirme de ella aún que sé que siempre quedará algo, nuestra despedida nunca será un adiós para siempre.
