No ha cambiado nada de una semana para otra, pero este fin de semana me parece mucho más tranquilo que otros. El viernes Lost in translation me dejó con una sonrisa agridulce y con muchísimas más ganas de ver si se lleva o no esos cuatro Oscars tan merecidos.
Por otra parte, ayer fue un San Valentín muy tranquilo y sin compromisos, y es que desde luego es todo un gustazo saber que ella ve estos días tal y como los veo yo... Pasar la tarde en casa, volver a ver Vanilla Sky y, después por la noche, un par de horas llenando la mesa del bar de botellines vacíos con los amigos de siempre...
No soy ningún conformista, pero mentiría si dijera que no me gustaría que todos los fines de semana fueran así.