En días como hoy es cuando pienso que tampoco debo ser tan mala persona. Desde que ayer por la noche tocaron las doce me han felicitado la mayoría de personas que son o han sido muy importantes para mí.
Sin embargo, y por suerte, los amigos de siempre son igual de despistados que yo y no será hasta esta noche cuando nos veamos que dirán eso de: ¡Ostia, siempre pasa igual, no nos acordamos nunca...!, pero como que es algo que pasa con todos no me importa, nunca me importará. En el fondo es mejor así, prefiero ir a tomar algo sin prepararlo y que sea lo que tenga que ser. Jamás me quejaré, yo mismo he de reconocer que en mi cabeza tampoco hay rastro de la mitad de los cumpleaños de los que me han felicitado hoy.
Quizás sea cuestión de empezar a marcar días en el calendario.