Hace dos semanas que entré a un estudio para cubrir un hueco y sacar adelante un julio que se les presentaba llenito de faena. El lugar era ideal hasta hoy: buen ambiente de trabajo, buenos compañeros —jefes incluídos—, los equipos... todo digno de un diez. Ahora bien, como no, tenía que ocurrir algo, y es que el trabajo para el cual me necesitaban se ha aplazado de repente hasta septiembre. Así entonces las vacaciones de cierto individuo —para mí concretamente— empiezan espontáneamente a partir de hoy mismo. Es una lástima por la gente a la que apenas he podido conocer, pero bienvenidos sean estos días de relax.
